Nos hicimos mayores… sin remedio

En años anteriores nos hicimos mayores, como todo el mundo. Se acabó la sensación de rapto y juventud eterna y despreocupada, ya para siempre. Ahora tocan los zumos del reuma, la hora de la pastilla, las cataratas, el colesterol, el azúcar, la tensión arterial, los huesos fósiles…en serio, ahora toca la resignación con esta desdicha peculiar que es intentar sobrevivir.

 

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Encuentros -de por vida- con anónimos.

[…Es hermoso el olor a café recién hecho y a pan recién tostado que se abre paso desde una cocina en al que nunca estuvimos en casas de generaciones anteriores a la nuestra: nuestros genes huelen a pan y café…]
La eterna cualquiercosa, Martín López-Vega.
Un poema precioso.
Completo:
[Es hermosa la niebla en la mañana de Aluche que no deja ver los edificios del centro ni la Sierra. Es hermoso el ladrido de Jacob en el rellano y son hermosas las antenas orientadas a rutinarios satélites y es hermosa la tienda de modas pasadas de moda de la esquina y es hermoso el gesto de brazos caídos de los árboles y el modo en que mi amor arrastra las zapatillas por el pasillo. Es hermosa la cuchara de madera para la miel y el brillo turbio de la miel y su sabor dulce-amargo-dulce. Es hermoso el olor a café recién hecho y a pan recién tostado que se abre paso desde una cocina en al que nunca estuvimos en casas de generaciones anteriores a la nuestra: nuestros genes huelen a pan y café. Es hermoso saberse aquí, en el ínfimo instante de no estar en parte alguna, moderadamente feliz y no desdichado, algo tan común. Existente y no existente. En el presente en lugar de en el no-presente de las cosas que no volverán y las que no llegarán nunca. Aunque estando aquí estoy también en esos no-presentes que un día se bifurcaron dejando atrás hoyes posible a cambio de este de hoy. Todo es cuestión de un cambio de postura, estar aquí o allí, incluso en los allíes que no existieron nunca. Sentir cómo hubiera sido otro estar distinto de este mismo ser. Y mientras tanto irme pero estar aquí, sin saber para quién. Es hermosa la niebla de los lugares a los que nunca iremos, donde somos quienes ya no seremos. Es hermosa la señal que emiten y hace interferencias con la emisión del presente, dejándonos entrever a un tiempo qué fuimos, qué no seremos, descodificar el ahora como si no fuera más que una ecuación cuya única incógnita es si el resultado es +(yo) o –(yo). Es hermoso el sueño que tengo de otra vida paralela en otra dimensión con otras leyes y hermoso no saber, al despertar, cuál es más real ni cuál el basurero de la otra, cuál la que la otra sostiene, la que me justifica. Es hermoso el encorvado andar de los ancianos y es hermoso el insoportable palique de las cotorras en los árboles vecinos y es hermoso este instante sólo por ser este instante que ya no es y es a la vez cuanto fue y no fue, cuanto será y cuanto ya no. Es hermoso el libro sobre la mesa del salón que cita el primer texto budista: «Camina solo como un rinoceronte». Es hermoso recoger los hilos que el día tiende y con ellos componer, delicada y exhausta, nuestra canción. Es hermoso caminar solo entre la bruma sabiéndome tantos a la vez. Soy una conversación de inexistentes. Soy lo que queda de una infinidad de futuros que viven su truncada existencia dentro de mí. Es hermoso haber elegido tantas veces: soy un cruce de cruces de caminos. Es hermosa la niebla en la mañana de Aluche que sólo deja ver hacia adentro, niebla en la que entrar es entrarse. Como una multitud reconciliada, camino solo entre la bruma igual que un rinoceronte entre las ruinas de un mundo suyo y no suyo. Es hermosa la existencia.] La eterna cualquiercosa, Martín López-Vega.
Mi fe en los anónimos ha crecido, en el anonimato enriquecedor, la oposición sustancial al yoismo ensordecedor, rabioso y soberbio de los don.nadie, los superyó ante quienes nada enraíza.
Es hermosa la existencia no siendo nadie, nada, viento, pereza, aferrasía fantástica.