Sepulcro en Tarquinia

Homenaje a los grandes poetas

 

No soy muy partidaria de la excesiva apoyatura culturalista en los poemas. Armar los poemas de esta manera parece tarea fácil, pero desarmarlos es un juego de naipes. Pondría tres ejemplos de tres poetas que me gustaban a rabiar cuando era más joven. Antonio Colinas, Francisco Brines y Guillermo Carnero. Tres cultistas enciclopédicos y elegantes.
La educación y la cultura de los treinta años biográficos resulta ahora menos interesante y estimulante que la barbarie, naturalidad, espontaneidad e ingenuidad de lo sencillo o no tan sencillo, eso que se llama poesía sublime, rara. De hecho solo traspasa la piel de mi sensibilidad una aguja del nº 3. Por cierto, los vampiros que nos hacen analíticas de sangre ya podían usar agujas del nº 1 porque a mí me han hecho un boquete negro azulado en forma de lazo adornando todo el antebrazo. Ay!!!, qué dolor!. ¿Pero es que solo hay una aguja  sin calibre aleatorio por usuario?…Jopetas…

 🙂

 

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