He

 

 

He
el atrás de la rueda avara,
soy eso que ves
sé tú mi rival,
usa el trazo de la cerbatana
para que una línea de hielo se clave en la curvatura de la piel
donde quema el anélido pasillo
sin una vidriera clara,
la llania del malentendido todo lo ha enturbiado
 
 
 
 
H
E

Nadie soy, anonimia

 

 

Cuando leo poesía me encuentro en casi todos los autores que escriben bien, este análisis sobre la identidad que nadie tiene ni podrá conseguir nunca, porque no está a nuestros alcance. “Ser poema, coexistir en el verso, borrar el garabato que nos describe”.

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domingo, 17 de enero de 2016

QUITO NUNCA ESTUVO EN ECUADOR

“Y sobre la identidad ¿qué decir? Que nuestro camino va hacia la Anonimia. De nada sirve el nombre en un percal como este, se vuelve un trazo muy fino, casi invisible, algo incómodo, pura descomposición en la podredumbre; un cerco inútil del que salir cuanto antes; una corriente de novedad sin novedades. Pero además, debemos confirmar que nunca tuvimos nombre, siempre seremos l@s nadie, seres sin rostro, un cuadro de Francis Bacon, unos versos de F. Pessoa: “No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo”. Y el deseo de ser considerado como autor/a: no nos engañemos, el literato, el escritor o el intelectual no poseen ninguna presencia social, se trata de un ser al que durante largo tiempo se le ha ido apartando.

Por eso, siempre aprecié la escasa importancia que algunos escritores de la Edad Media daban a la individualidad, al nombre, a la identidad. Una voz sin dueña/o. La pérdida de beatitud de lo nominal. Vivir en el pronombre. Ser poema, coexistir en el verso, borrar el garabato que nos describe. No estoy nada de acuerdo con ese condicional de Borges: “Si (como el griego afirma en el Cratilo)/El nombre es/ arquetipo de la cosa,/En las letras de rosa está la rosa/Y todo el Nilo en la palabra Nilo.” ¿Somos el nombre propio, ese poderoso objeto social? Veo a mis padres, su ilusión por definir a su hija, por identificarla; contemplan mis apellidos, vislumbran su obra carnal. Ahora veo yo la mía, la que siempre fui: Nada. El nombre, nuestro futuro: “No future” nos dijeron los punkis, no se confundieron. Yo he preferido quitarme esas “descripciones abreviadas” como las definió Bertrand Russell. El nombre propio “es un signo voluminoso, un signo lleno de un espesor denso de sentido” nos apuntó Roland Barthes; pero qué sentido, ¿el inculcado? ¿el instruido? ¿el domesticado? ¿Qué ocurre con su capital simbólico cuando se pierde? El nombre propio no constituye una identidad personal absoluta, este hecho lo establece la anonimia y el anonimato. Así que estamos fuera de la convención y lo codificado. Estamos en la reunión de todos los nombres. Estamos en aquello, si se me permite la osadía, de no ser poeta y querer ser poema. Hay más nombres que nuestro nombre propio, ¿quién dijo que este es el verdadero? ¿nuestra familia? ¿nuestros amigos? ¿aquella sociedad? ¿No os parece una tontería identificar nombre con identidad? A veces, para que algo exista no hace falta nombrarlo. En suma, la anonimia resulta una vuelta al origen y por supuesto, la pérdida de la sacralidad del sustantivo patronímico.”

http://juliocesargalan.blogspot.com.es/  J

Julio César Galán/LOS REALES AUSENTES 

Comparto su acertado análisis para mi vida de nadie anónimo.

 

Muñecos quitapesares

Muñecos quitapesares

 

 

 

Eneida, Libro VI [895] Cátedra

“Dos puertas dicen
tiene el país del Sueño, una de cuerno
que abre el paso a las sombras verdaderas;
con brillo de marfil la otra relumbra,
pero por ella envían sueños falsos los Manes a la tierra.

 

XXI. Aria [Apollo]: Con cetra più sonora – 55:37

 

Literatura médica

 

 

Literatura médica.

 

http://elpais.com/elpais/2017/02/16/ciencia/1487264659_435252.HTML

 

Un artículo interesante sobre la representación del terreno escabroso y anulación de la culpabilidad/o responsabilidad en la escena íntima. Inconsciencia suicida de la intimidad como doblaje del “yo”, como “representación del “yo”. Soy actor de mi obra perversa en un ámbito no punible.
¿Somos animales, solo seres animados o tenemos una idea sucia y cruel del erotismo?
sensibilĭtas, -ātis.
placēre.
¿Dónde comienza sentir y donde acaba placer?
¿Si no son la misma cosa, entonces qué son sentir y placer? Todo está aún por descubrir.

 

 

Fragmento de un texto mío “ De repente, el penúltimo verano”.-
“Las mañanas son mitades y las tardes, enteras. Es la primera sensación que tengo, al entrar en la casa. Busco la corriente para ponerme a escribir y contestar la correspondencia. Qué lujo de civilización, más llana que las anteriores. Tenemos mensajeros voladores y mercurios. Así que voy a ello. <Porque el círculo no capta sino a dos personas que no estén alejadas, que sean suficientes> Parece una fosa de tierra cavada por un día caluroso. Y sin embargo es una metáfora que ha llegado hasta mí, sobrevolando los rincones del atlas de un ciervo ejemplar y atemorizado en el bosque. Como una ráfaga de la supervivencia en cosas sin cayado. Prisa por salir a la mañana y prisa por volver del día. Las cosas que emulas forman un trazado asido a una palabra conocida. <Tú partías de una manera en que yo nunca regresaba> Hoy es el día. Saco las colchas de seda del aparador.”